¡¡EL GRAN ENGAÑO DEL PENTECOSTALISMO!!

Por George E. Gardiner y Tito Martínez

Audio del estudio

Charla Bíblica sobre el Pentecostalismo

DESENMASCARANDO AL FALSO EVANGELISTA YIYE AVILA

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ANTES ESCUCHE Y VEA ESTO

Antes de comenzar a escuchar o leer este documento, invitamos al lector a que escuche el siguiente archivo de audio tomado de un típico culto pentecostal, juzgue por usted mismo:

Si desea bajar ese archivo de audio a su disco duro, ponga el cursor del ratón encima del enlace, luego le da al botón derecho del ratón encima de ese enlace, y elija “guardar destino como…”

En el siguiente video de youtube podrá ver un típico culto pentecostal de hispanoamericanos acá en Madrid, realizado en el año 2008. ¡Y a eso lo llaman dar culto a Dios!, ¡que terrible y nauseabunda blasfemia!, más parece un culto demencial afroamericano de macumba dedicado al diablo y a sus demonios:

Y acá tiene otra típica reunión pentecostal liderada por el predicador Dennys Ostos, ¡que forma de blasfemar contra el espíritu de Dios falsificando sus dones!, ¡nada de esto tiene que ver con la verdadera fe cristiana ni con el verdadero Pentecostés mencionado en Hechos 2, sino que es solo una repugnante y grotesca falsificación del diablo!, como demostraremos en este documento doctrinal.¿Por qué será que en todos esos cultos pentecostales abundan mucho más las mujeres que los varones?, no es extraño que en el Edén Satanás engañara a Eva, no a Adán. La mujer es mucho más fácil que sea engañada por Satanás y utilizada por él para engañar después al varón, así lo hizo el diablo, y lo sigue haciendo actualmente en las iglesias apostatas:

http://www.livevideo.com/video/CCB6AE0B0F644FB6A0C42F3AED4E9734/la-uncion-del-espiritu-santo-.aspx

PRÓLOGO

Este documento que usted tiene delante de sí le va a llevar a toda la verdad acerca del pentecostalismo, o iglesias pentecostales-carismáticas. Millones de personas han sido engañadas por el padre de la mentira y por sus emisarios religiosos, les han hecho creer que las iglesias pentecostales o carismáticas son como los primeros cristianos mencionados en el libro de los Hechos de los apóstoles. Les han hecho creer que eso de llamarse “pentecostal” procede del día de los primeros cristianos, concretamente del día Pentecostés mencionado en Hechos 2, cuando los apóstoles recibieron la promesa del Padre y fueron llenos del espíritu santo, comenzando a hablar en diferentes lenguas o idiomas las maravillas de Dios, sin embargo, ahora vienen toda esa legión de “evangelistas” y “pastores” pentecostales, así como un buen puñado de sacerdotes papistas carismáticos y nos quieren hacer creer que esa experiencia pentecostal del ”bautismo del espíritu santo” y de “hablar en lenguas” y que ellos practican en privado o en sus cultos es exactamente la misma experiencia del bautismo con el espíritu santo y el consiguiente don de las lenguas que recibieron los apóstoles el día de Pentecostés en Jerusalén, ¡nada más lejos de la realidad!. En este importante documento doctrinal escrito por el señor George E. Gardiner, y un servidor, Tito Martínez, vamos a demostrar que EL PENTECOSTALISMO NO TIENE QUE VER ABSOLUTAMENTE NADA CON LO QUE OCURRIÓ EL DÍA DE PENTECOSTÉS MENCIONADO EN EL LIBRO DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES CAPÍTULO 2, más aun, vamos a demostrar en este documento doctrinal que las actuales iglesias pentecostales o carismáticas son una burda y grotesca imitación o falsificación satánica y carnal de las primeras congregaciones cristianas del siglo 1, con el único propósito de ENGAÑAR AL MUNDO ENTERO, pues ese es el principal objetivo del padre de la mentira, Satanás, el cual durante esta era mala engaña al mundo entero (Gal.1:4, Ap.12:9), y la mejor forma de engañar al mundo entero es por medio del astuto ENGAÑO RELIGIOSO, ¡¡especialmente si ese engaño religioso se hace pasar por cristiano pentecostal o carismático, y utiliza la Biblia a diestra y siniestra, pretendiendo además expulsar demonios en el nombre de Jesús y afirmando que hacen milagros!!, pero todo ello es una perversión satánica y una burda falsificación, que es precisamente lo que ocurre en todas las iglesias pentecostales o carismáticas, ya sean católicas (papistas), o evangélicas. Este tipo de engaño religioso es el más efectivo, perverso y astuto utilizado por Satanás para extraviar al mundo entero, y millones de personas totalmente ignorantes de la verdad y de la verdadera doctrina cristiana han sido engañados muy fácilmente por todos estos falsos ministros de Cristo y falsos pastores que dicen llamarse pentecostales o carismáticos. Recuerde lo que dijo Jesús en Mateo 7:21-23, es un pasaje tremendo, pues ahí Jesús dijo bien clarito que habría falsos ministros PENTECOSTALES y que discutirán con él en aquél día, cuando Jesús venga a la tierra a reinar, y vea la fulminante respuesta que Jesús dará a todos esos impostores pentecostales o carismáticos que se hicieron pasar por ministros suyos: “Y entonces les declararé: Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad.” (Mateo 7:23).

El movimiento pentecostal nació a principios del siglo 20, es decir, ¡es completamente nuevo y extraño a la verdadera doctrina cristiana!, lo cual significa que no procede de la enseñanza de Cristo ni de sus apóstoles, sino que sencillamente procede de Satanás, el padre de la mentira y especialista en falsificar los dones del espíritu santo, como son el don de lenguas, el don de sanidades, y el don de profecía, estos tres dones del espíritu santo están totalmente falsificados dentro de todas las iglesias pentecostales o carismáticas, como vamos a demostrar en este importante documento doctrinal.

Para concluir este prólogo, he de decir que el pentecostalismo, desde principios del siglo 20, se ha ido extendiendo por el mundo como la pólvora e infiltrando, no solo dentro de las iglesias llamadas “evangélicas”, sino también en muchas iglesias “bautistas”; en España, por ejemplo, tenemos a un famoso pastor bautista que ha sido totalmente engañado y cegado por el pentecostalismo, su nombre es Joaquín Yebra. Pero también se ha infiltrado el pentecostalismo dentro de la gran ramera, es decir, la iglesia católica romana, a mediados de los años 60, de tal manera que podemos ver el pentecostalismo y sus dones falsificados metido de lleno dentro de cultos evangélicos, como también metido de lleno dentro del papismo, y que es llamado “movimiento carismático”, absolutamente demencial, falso y antibíblico, dentro del cual se creen todas las mentiras doctrinales del papismo, y se celebran sus ceremonias blasfemas y anticristianas, como el llamado “sacrificio de la misa”, la adoración a la hostia, el culto a las imágenes, el rosario, etc., y al mismo tiempo estos papistas idólatras están totalmente unidos con los pentecostales “evangélicos”, y practicando el mismo tipo de dones falsificados, como son el don de lenguas, el de sanidades y el de profecía, los tres principales dones del espíritu que Satanás, el padre de la mentira, ha falsificado y pervertido totalmente dentro de la cristiandad iglesiera apóstata para engañar al mundo entero. Tanto los pentecostales evangélicos, como los carismáticos papistas, están unidos ecuménicamente en muchas de sus doctrinas falsas, y unidos en la práctica de esos dones falsificados por el padre de la mentira, Satanás, y esta es la razón de que sea tan frecuente ver a pastores, cantantes o evangelistas pentecostales unidos con curas papistas carismáticos en la enseñanza de sus mentiras doctrinales apostatas o de incluso espectáculos milagreros comunes.

Que este documento doctrinal sirva para abrir los ojos espirituales de millones de evangélicos y de papistas que se han dejado engañar o seducir por el pentecostalismo, para que se dejen guiar por el verdadero espíritu de Dios y abandonen las mentiras pentecostales y carismáticas que el diablo ha infiltrado en esas iglesias.

El señor Gardiner y un servidor también fuimos engañados durante muchos años por el pentecostalismo, hasta que descubrimos la verdad en las Sagradas Escrituras y pudimos salir de esos tremendos engaños pentecostales y de sus falsos dones, ¡esperamos que lo mismo suceda con otros muchos que aun pertenecen a esas iglesias pentecostales o carismáticas!, este documento doctrinal le ayudará a reflexionar y a tomar una decisión transcendental en su vida que le hará salir de la oscuridad del error y le llevará a la luz de la verdad.

Este documento está dividido en dos partes. La primera parte está escrita por George E. Gardiner, y la he tomado de su pequeño libro “La Catástrofe de Corinto”. También me he tomado la libertad de resaltar y subrayar lo que considero las frases más importantes del escrito de Gardiner.

Y la segunda parte de este documento la he escrito yo, y como podrán ver, es mucho más breve, y con un lenguaje más directo, claro y fuerte, como a mi me gusta.

Gracia y Paz.
Tito Martínez

Primera parte

LA CATÁSTROFE DE CORINTO
PorGeorge E. Gardiner

Introducción

¿Por qué otro libro sobre el movimiento carismático? ¿No hay ya más que suficientes?
La respuesta a la segunda pregunta es probablemente “sí”; pero la respuesta a la primera es el motivo de esta introducción.

Echad una ojeada a las librerías evangélicas de vuestra localidad y observad los títulos disponibles que traten del Espíritu Santo. Si vuestra experiencia es como la mía, encontraréis muchos libros que promueven el movimiento carismático, o simpatizan con él, pero pocos que se opongan o inviten a un examen crítico serio.

Igualmente, si repasáis las revistas evangélicas encontraréis algunas, que son órganos de propaganda de los carismáticos y otras que siguen la filosofía de “tiene algo de bueno, así que no hablemos de lo malo”.

Además, muchos de los libros que adoptan una postura crítica ante el movimiento presentan argumentos que los teólogos pentecostales pueden rebatir con facilidad. Lo sé por experiencia. Me gradué en una Escuela Bíblica de este tipo donde me enseñaron muy bien a responder a los argumentos de los que se oponen a “Pentecostés”.

En aquellos días, el movimiento no representaba amenaza alguna para las iglesias fieles a la Biblia y se le rechazaba con desprecio y mofa. En consecuencia, los argumentos que presentaban los pastores y maestros no eran puestos en tela de juicio por las congregaciones.

Pero ahora esto es diferente. Hoy toda proposición queda abierta a la discusión y los cristianos demandan algo más que respuestas “empaquetadas”, no sujetas a una reflexión detenida. Quieren saber “¿qué dice la Biblia?”

Fue esta pregunta, subsiguiente a la desilusión común que sufre todo carismático lo que me hizo salir del movimiento y me llevó a la satisfacción, y la libertad que disfruto hoy.
Todo empezó con preguntas machaconas sobre la distancia que hay entre las prácticas carismáticas y las afirmaciones bíblicas, distancia ciertamente abismal. Cuando uno hacía estas preguntas, recibía como respuesta una severa mirada de desaprobación e incluso se le advertía acerca del “pecado contra el Espíritu Santo”.

La presión del grupo, más la reticencia a desafiar a los superiores, bastan a menudo para hacer callar al “rebelde”. Me costó una guerra y cuatro años de aislamiento de otros cristianos conseguir un clima donde me atreviera a afrontar con honestidad las dudas y preguntas que había reprimido hasta entonces. A solas, sin ningún otro libro que la Biblia, me puse a examinar las Escrituras.

Leí otra vez el libro de los Hechos, despacio y cuidadosamente, orando: “Señor, enséñame lo que dice y sólo lo que tu Palabra dice. Dame gracia para aceptarla si he estado equivocado y gracia para reconocer mi error si he sido indebidamente crítico”.

El viaje por el libro de los Hechos me abrió los ojos. Los actos y experiencias de las iglesias primitivas se apartaban mucho de los actos y “experiencias” del movimiento moderno. En algunas cosas eran totalmente contrarios. Por ejemplo, no había “reuniones de demora” que precedieran y precipitaran Pentecostés.

A los discípulos se les mandó simplemente “esperar”. Cuando llegó el Espíritu Santo estaban sentados, no de rodillas, gritando, o agonizando. De hecho, Pentecostés tenía que llegar 50 días después de la resurrección de Cristo independientemente de lo que hiciese la gente en el aposento alto. Fue un evento ordenado por Dios tal como se tipifica en las fiestas del Antiguo Testamento que se describen en Levítico 23.

Primero, la pascua: “Cristo nuestra Pascua”; luego la fiesta de los primeros frutos: “Cristo las primicias”, seguida 50 días más tarde por la fiesta de Pentecostés. Entonces llegué a entender por primera vez lo que significaba la frase “cuando llegó el día de Pentecostés” (Hch. 2:1). No se necesitaban esperas, ayunos o cualquier tipo de esfuerzo humano que acelerara su venida. Era el tiempo señalado por Dios.

Además, no pude encontrar ni una sola frase en el Nuevo Testamento que mandara a los cristianos buscar el bautismo del Espíritu Santo. Por el contrario, descubrí (como se esquematiza en primera Corintios 12) que el “bautismo” tuvo lugar en el momento de mi conversión cuando entré a formar parte del cuerpo de Cristo.

Al llegar a los capítulos 10 y 11 de los Hechos me aguardaban más sorpresas. Cornelio no era un alma salvada que más tarde recibió una “segunda bendición” mediante el ministerio de Pedro. Pedro lo deja muy claro en el versículo 14 del capítulo 11. Salvación y “bautismo” eran sinónimos. Además, la venida del Espíritu en casa de Cornelio fue ocho años posterior a Pentecostés, y Pedro no pudo hacer referencia a una continuidad de la experiencia entre las iglesias cuando explicaba a los líderes de Jerusalén lo que había ocurrido a los gentiles.

Después de ocho años, ha de decir: “como sobre nosotros al principio” (Hch. 11:15), no “como sobre todas las iglesias”. ¡Este es uno de los casos donde el silencio habla por sí solo!

El libro de los Hechos, siendo historia, muestra el inicio de una nueva era y el nacimiento de un organismo nuevo, la Iglesia. En Pentecostés, los judíos; en Cesarea, los Gentiles; en Efeso, los creyentes del Antiguo Testamento; y ahora el cuerpo tiene todos sus componentes. No es un modelo que se pueda repetir, sino una historia que hay que interpretar a la luz de la enseñanza de las epístolas del Nuevo Testamento.

Esta enseñanza se encuentra en la primera carta de Pablo a los Corintios y mis esfuerzos en este libro van dirigidos a presentarla con claridad y sencillez.

¿Por qué otro libro? Porque si alguien, me hubiese enseñado las claras amonestaciones, las sucesiones lógicas y los modelos espirituales de la epístola de Pablo cuando yo era joven en la fe, y buscaba conocer y agradar a mi Señor, me hubiese evitado todos estos años de esclavitud, decepción y desespero. Sólo me resta orar para que Dios use este libro para evitar a otros la misma experiencia.

1 La ciudad y su iglesia

Cuando Pablo entró en Corinto, entró en una de las ciudades más conocidas del mundo de aquellos días. Corinto era un centro comercial, religioso, cultural y también de vicio, una ciudad que representa en miniatura la civilización de la que nosotros formamos parte ahora.

Se ha dicho que las cartas a los corintios son los libros del Nuevo Testamento más apropiados para la segunda mitad del siglo XX. Jamás se escribieron palabras más acertadas.

Pero no sólo la ciudad guardaba una semejanza trágica con nuestra civilización; también la iglesia de Corinto reflejaba lo que hoy caracteriza a una gran parte de la cristiandad. Jesús dijo que la iglesia debía ser “sal” y “luz” en este mundo. La sal que impide el proceso de la corrupción y la luz que disipa las tinieblas.

Mateo 5:13-16

13 Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres.
14 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.
15 Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.
16 Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

El Señor continuó diciendo que cuando la sal pierde su sabor no sirve para nada, y la luz escondida debajo de un almud no impide la oscuridad. La iglesia de Corinto, en vez de refrenar el mal, se veía desbordada por él. Lejos de dar luz, parecía en la oscuridad. Corinto hacía mella en la iglesia local. ¡Pero Dios quería que la iglesia hiciese mella en la ciudad!

Pablo llegó a Corinto aproximadamente cien años después de que Julio César levantara la ciudad de las cenizas de una destrucción anterior. Esta ciudad nueva había experimentado un crecimiento y prosperidad fenomenales. Era la capital de la provincia de Acaya.

Ubicaba en una estrecha franja de terreno entre dos puertos, Cencrea al Este y Lequeo al Oeste, Corinto recibía forasteros y comerciantes de todas las partes del mundo.
Además de su posición junto al mar, Corinto era punto intermedio en la ruta entre Grecia y el Peloponesso. Todo el tráfico militar y comercial del norte y del sur atravesaba esta importante ciudad.

En consecuencia, Corinto era una ciudad donde la riqueza florecía. Cuando Pablo habla de “oro, plata y piedras preciosas” en el capítulo 3, está usando una ilustración que les era familiar a los corintios.

A 16 kilómetros de la ciudad se celebraban los Juegos ístmicos cada cuatro años. Era el más espléndido y concurrido festival de los griegos. Los preparativos para los juegos duraban varios meses y venían delegaciones y atletas de todas partes. Las competiciones más importantes eran carreras, boxeo y lucha. Pablo hace referencia a esto en el capítulo nueve.

Arriba en la Acrópolis, dominando Corinto y como controlando su vida, estaba el magnífico templo de Afrodita, la diosa del amor y la fertilidad. Un millar de sacerdotisas ejercían el oficio de la prostitución como parte de los ritos religiosos. Corinto era una ciudad orientada hacia el vicio. Hombres prostituidos, con largas melenas, componían una escena corriente en las calles y constituyen trasfondo del comentario de Pablo en primera Corintios 11:14: “La naturaleza misma ¿no os enseña que al varón le es deshonroso dejarse crecer el cabello?”

Pablo pasó de Atenas a Corinto, centro de prosperidad, deporte, política e inmoralidad. Su estado de ánimo no era el mejor. Había tenido una experiencia desalentadora en Atenas y ahora le aguardaban más problemas. El Señor tuvo que asegurarle su presencia y protección a través de una visión.

Hechos 18:9-10

9 Entonces el Señor dijo a Pablo en visión de noche: No temas, sino habla, y no calles; 10 porque yo estoy contigo y ninguno pondrá sobre ti la mano para hacerte mal, porque yo tengo mucho pueblo en esta ciudad.

Los primeros contactos que tuvo el apóstol fueron con un matrimonio, Aquila y Priscila, víctimas de la expulsión de judíos de Roma bajo Claudio César. Puesto que, al igual que Pablo, hacían tiendas pasó a vivir en su casa. Pronto Silas y Timoteo, que habían estado en Macedonia, se unieron al grupo y juntamente con Pablo presentaban el evangelio de Jesucristo cada sábado en la sinagoga. Se convirtieron dos hombres influyentes, Justo, cuya casa estaba al lado, y Crispo, el principal de la sinagoga. Así llegó a establecerse una iglesia neo-testamentaria, que incluía hombres y mujeres, judíos y gentiles, esclavos y señores, una amalgama de los diferentes ciudadanos de Corinto. Pablo habla de esto en el capítulo 1 versículos 26-31, y en el capítulo 6 versículos 9-11.

El apóstol pasó casi dos años en Corinto enseñando, predicando y organizando la iglesia. Luego se trasladó a Efeso, donde permaneció tres años. Estando allí recibió cartas de los corintios pidiéndole consejo en lo relativo al matrimonio y al problema de la carne que había sido ofrecida a los ídolos en el templo. Recibió, además, noticias desalentadoras sobre la situación de la iglesia. Para contrarrestar estas corrientes así como para responder a sus preguntas, Pablo escribió la primera carta a los corintios.

Primera Corintios es una carta de enojo, sátira, reprensión, corrección e instrucción. Está dirigida a una congregación que se había establecido sobre los mejores cimientos y que había disfrutado de la mejor enseñanza y ejemplo. Imaginad qué oportunidad habría vivido la ciudad de Corinto con una comunidad de testigos llenos del Espíritu y fundada sobre el Cristo resucitado. ¡Pero la iglesia loca! fracasó! En vez de victoria había tragedia. En vez de testimonio había deshonra.

Primera Corintios 5:1

De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre.

En vez de evangelización, había un merecido ridículo.

Primera Corintios 14:23

Si, pues, toda la iglesia se reúne en un solo lugar, y todos hablan en lenguas, y entran indoctos o incrédulos, ¿no dirán que estáis locos?

Observad los síntomas del “corintianismo” como los presenta el Espíritu Santo a través de Pablo y descubriréis un motivo importante por el que se incluyeron estas cartas en el Nuevo Testamento; son una amonestación a los creyentes de cualquier época: “guardaos del corintianismo”.

La Iglesia de Corinto era carismática.

“Nada os falta en ningún don (carisma)” (primera Cor. 1:7).

Pablo escribe tres capítulos intentando aclararles este asunto, capítulos 12, 13 y 14.
Era una iglesia inmadura.

“De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo” (primera Cor. 3: 1).

El apóstol se refiere otra vez a esto en 13:11; 14:20 y en sus últimas palabras en 16:13.
La iglesia toleraba la inmoralidad en su seno. Pablo se conmociona al ver que un miembro vive en inmoralidad con su madrastra, acto que ni los paganos miraban con agrado: “cual ni aun se nombra entre los gentiles” (primera Cor. 5:1). Algunos de ellos tenían relaciones con prostitutas.

1* Corintios 6:15-18

15 ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo.
16 ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne.
17 Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.
18 Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa está fuera del cuerpo; mas el que fornica contra su propio cuerpo peca.

Y les tuvo que recordar que sus cuerpos eran miembros de Cristo y templos del Espíritu Santo. Además, las fiestas de amor que precedían la Cena del Señor se veían enturbiadas por la embriaguez y sobre todo por una actitud de orgullo y falta de preocupación. “Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado?” (primera Cor. 5:2).

La herejía se infiltraba en la iglesia. La doctrina de la resurrección era puesta en tela de juicio por algunos miembros de la congregación, “…¿cómo dicen algunos entre vosotros que no hay resurrección de muertos?…” (primera Cor. 15:12). En Segunda Corintios Pablo se lamenta de que ya no eran la “virgen pura” que se había desposado con Cristo,

Segunda Corintios 11:3

3 Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.

y les manda que se examinen a sí mismo “si están en la fe” ( segunda Cor. 13:5).

Así que Pablo escribe afligido a una iglesia a la que había dedicado mucho tiempo, esfuerzos y enseñanzas. Una iglesia que estaba detenida en su desarrollo, carismática en sus prácticas, inmoral en su forma de vivir y herética en su doctrina.

Observad cómo Pablo trató el problema de la inmadurez. Usó tres analogías para describir el desarrollo y el crecimiento cristiano. Un edificio, una batalla y un cuerpo. La analogía del edificio está en el capítulo tres, y el apóstol dice: “un edificio inacabado es algo desagradable a la vista; acabad lo que yo empecé y mirad cómo sobreedificáis”. El ejemplo de la batalla se halla en el capítulo nueve y está inspirado en los brutales combates de boxeo de los Juegos ístmicos.

Pablo dice: “una contienda inacabada es un malgasto y una pérdida, seguid adelante hacia la corona”. La analogía del cuerpo es el tema principal del capítulo doce. Aquí Pablo afirma: “un cuerpo que no funciona es una tragedia, y un cuerpo que no coopera es un suicidio. No dividáis más el cuerpo con vuestros deseos egoístas e infantiles en busca de dones espectaculares”.

Las tres analogías señalan que el fracaso de esta iglesia había sido no acabar lo que Dios había empezado. ¡Un crecimiento detenido!

Es importante entender aquí que no es la inmadurez espiritual. No es, en primer lugar, falta de dones espirituales. Los corintios tenían todos los dones.

Primera Corintios 1:7

De tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo.

Es interesante observar que, inmediatamente después de mencionar la existencia de carismas en el seno de la congregación, pasó a referirse a la división existente entre ellos.

Primera Corintios 1:10

Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer.

¡Dones espirituales no es sinónimo de espiritualidad!

La inmadurez no está causada tampoco por la falta de conocimiento. Los corintios eran grandes admiradores de la sabiduría y la erudición. Pablo les amonesta sobre esto en los capítulos uno y dos. En primera Corintios 3:18,19 les aconseja: “obtened la sabiduría en la fuente adecuada. Porque la sabiduría de este mundo es locura para Dios.” Y de nuevo en segunda Corintios 10:5, dice: “… y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”. No, una educación mejor, tan admirable y deseable como parezca, no es la respuesta a la inmadurez espiritual.

La inmadurez no es necesariamente resultado de una falta de buena enseñanza. Los corintios tuvieron la mejor enseñanza. Pablo dijo que la habían recibido del Espíritu Santo.

Primera Corintios 2:12-13

12 Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido.
13 Lo cual nosotros también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual.

¿Puede alguien mejorar esto?

De modo que los corintios poseían todos los dones, estaban bien enseñados en la Palabra, y tenían los mejores maestros. Sin embargo, aún así, ¡eran carnales y niños!

¿Cuáles son entonces los síntomas de inmadurez en esta iglesia?

Un síntoma común es el egoísmo. Los niños son egoístas. Fijaos en las primeras palabras que llegan u articular: “yo, mío y mi”. Igual ocurre con los niños espirituales, tengan la edad que tengan. Estos corintios se denunciaban entre ellos porque se sentían “defraudados” (6:7). ¡Egoísmo! Hacían un uso incorrecto de sus libertades cristianas sin pensar en lo que ello podía acarrear a otros.

Primera Corintios 8:9, 11-13

9 Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles.
11 Y por el conocimiento tuyo, se perderá el hermano débil porque en Cristo murió.
12 De esta manera, pues, pecando contra los hermanos e hiriendo su débil conciencia, contra Cristo pecáis.
13 Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano.

¡Egoísmo! Se atiborraban de comida en los ágapes mientras sus hermanos más pobres pasaban hambre. ¡Egoísmo! Bebían hasta emborracharse sin pensar en las consecuencias. ¡Egoísmo! Eran ignorantes en lo concerniente al uso adecuado de los dones espirituales. No eran ignorantes acerca de los dones, los tenían todos, pero sí acerca de su lugar y propósito. Los corintios usaban los dones para su auto edificación (satisfacción propia), práctica que Pablo reprendió en los capítulos del doce al catorce. Volveremos a esto más tarde.

Un segundo síntoma de inmadurez espiritual es la división. Los corintios estaban divididos entre sí en torno a diferentes personalidades. Había el partido de Pablo, el de Apolos, el de Pedro y el de Cristo (1:12). Cuando Clemente de Roma escribió a esta misma iglesia en el año 97 d. de C, treinta y ocho años después, se enfrentaba con idéntico problema, la división. ¡La inmadurez! Pablo quiere hacerles comprender la relación entre el infantilismo y la división poniendo juntos ambos conceptos en primera Corintios 3:1-9.

Sin duda, la división tiene su lugar y su momento cuando es necesaria. En primera Corintios 10:20-21, se le manda a la iglesia que no tenga comunión con los que adoran a demonios. En segunda Corintios 6:14-17 se insta a los creyentes a evitar la injusticia, la oscuridad, la impureza, y los ídolos. Pero nada se dice de la separación de los hermanos en torno a diferentes personas. ¡Tal división es inmadurez!

Un tercer síntoma de la inmadurez de Corinto era la crítica. Esta congregación menospreciaba a Pablo porque pensaban que le aventajaban y superaban espiritualmente. Pablo escribe: “Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros….” (primera Cor. 4:3). En el versículo ocho del mismo pasaje, afirma irónicamente: “Ya estáis saciados, ya estáis ricos, sin nosotros reináis. ¡Y ojalá reinaseis, para que nosotros reinásemos también juntamente con vosotros!” Vemos la actitud de estas personas en una referencia que de ellos hace el apóstol al defender su apostolado: la presencia corporal es débil y la palabra menospreciable” (segunda Cor. 10:10). ¡Una crítica cáustica, despectiva, es señal de inmadurez espiritual!

El cuarto síntoma de un desarrollo espiritual detenido era la tolerancia del mal en la iglesia. Su sensibilidad hacia el pecado se había cauterizado. Lo que antes les repelía, ahora ya no les afectaba. No veían nada malo en litigar ante los tribunales. La inmoralidad en la iglesia no les molestaba. La indulgencia en los pecados de la carne, de los que habían sido liberados al principio, estaba ampliamente extendida y era aceptada. La glotonería y la borrachera eran algo común en la mesa del Señor. ¡Qué situación más deplorable! Y aún así los corintios creían que habían alcanzado una buena talla espiritual, demostrada por la presencia de dones espirituales (principalmente lenguas) que les situaban, en su opinión, por encima de las otras iglesias y de Pablo mismo.

Fue para corregir este concepto erróneo y para impedir que la iglesia continuase resbalando que Pablo escribió esta primera carta a los Corintios. El centro de la epístola está en los capítulos doce a catorce en los que el apóstol corrige los errores fundamentales concernientes a los dones. ¿Por qué fueron dados? ¿Cómo fueron repartidos? ¿Cómo debían ser usados? Si Pablo puede conseguir que los corintios acepten su corrección en los asuntos derivados de estas preguntas, todas las dificultades estarán en camino de desaparecer.

Desgraciadamente, Pablo no tuvo éxito. El conocimiento limitado que tenemos de la iglesia de Corinto nos muestra una asamblea que continuó en la misma línea descrita en las epístolas y que eventualmente murió con su ciudad. ¡Un fracaso y una tragedia! Pero las cartas (inspiradas por el Espíritu Santo) continúan vivas, amonestando, enseñando, corrigiéndonos a nosotros que vivimos en otra sociedad “corintia” con un fenómeno llamado “corintianismo” extendiéndose por las iglesias. ¿Vamos a caer en las mismas faltas de esta iglesia primitiva o aprenderemos de ellos y atenderemos el consejo del Espíritu a través de Pablo?

2 La corrección del Espíritu

El apóstol Pablo escribió la primera carta a Corinto en respuesta a dos preguntas: ¿”Debemos casarnos o es más espiritual permanecer solteros?” Y, “¿Es incorrecto comer la carne procedente del templo de Afrodita?”.

La respuesta a la primera pregunta la encontramos en el capítulo siete. La segunda cuestión se responde en el capítulo ocho. Así que, las dudas que tenían los corintios se cubren en sólo dos capítulos; pero el apóstol no acaba ahí.

Pablo aprovechó la ocasión para poner al descubierto y corregir problemas más importantes: su inmadurez, su pobre actitud hacia el apostolado, sus decadentes normas morales y sus abusos en la Cena del Señor. Por ello inicia el capítulo doce con las palabras:

“Ahora bien, acerca de las cosas espirituales”.

La palabra que usa es pneumátika, no carismata. La palabra “dones” que traducen muchas versiones induce al error. El apóstol va a corregir a la iglesia en el área de lo espiritual, como si en los primeros once capítulos les hubiese estado corrigiendo en lo concerniente a lo carnal. Ahora estamos en la base de los problemas de la iglesia de Corinto, la falta de verdadera espiritualidad puesta en evidencia con su preocupación por lo carismático.

Los versículos uno al tres son fundamentales. “No quiero, hermanos, que ignoréis”. Su ignorancia era sobre el propósito de los dones; no sobre su posesión. Ya poseían todos los dones (1:7). “Cuando erais idólatras, se os extraviaba llevándoos” (12:2). Esta afirmación es sumamente interesante. Describe a los adoradores que estaban fuera de sí, en un estado extático. Los historiadores de las religiones griegas de misterios describen a sus devotos como atrapados en una histeria emocional, revolcándose y cayendo al suelo, balbuceando de forma extática. Platón relata estas escenas. También Virgilio, que vivió y escribió inmediatamente antes de Cristo. Y ahora Pablo está diciendo: “Así actuabais cuando erais idólatras; pero ahora no debería ser así”. “Y los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas” (14:32). “Pero hágase todo decentemente [con corrección] y con orden” (14:40). “El Espíritu Santo no hace lo que hace vuestra adoración idólatra”.

El versículo tres es vital nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús; y nadie puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (12:3). ¿Qué significa esto? Naturalmente, Pablo no está diciendo que una persona no regenerada no puede pronunciar las palabras “Jesús es el Señor”. El mismo Jesús contradijo este concepto en Mateo 7:21-23 al afirmar que en el día del juicio habrá muchas personas a quienes El jamás conoció que le llamarán “Señor”.

Yo podría ir por la calle y ofrecer dinero a quien dijese “Jesús es el Señor”: todos repetirían estas palabras sin grandes dificultades o esfuerzos. No, Pablo no habla aquí de la repetición automática de una frase; está insistiendo en la soberanía de Cristo. Jesús dijo que el Espíritu Santo no hablaría de sí mismo sino que hablaría siempre del Señor Jesucristo.

Juan 16:7, 13, 14

7 Pero yo os digo la verdad: Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuere, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré.
13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.
14 El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.

En otras palabras, cualquier movimiento, maestro o enseñanza que exalte al Espíritu Santo no es del Espíritu. El Espíritu Santo exalta siempre a Cristo.
En el mismo versículo, Pablo le recuerda a la Iglesia que el Espíritu Santo nunca despreciará a Cristo o su obra. El Espíritu Santo jamás es autor de frases como: “ahora que has recibido a Cristo, tienes ya la salvación; pero para ser un cristiano completo necesitas recibir el Espíritu”. Detrás de tales afirmaciones se esconde la idea de que Cristo inicia la obra de la salvación, pero el Espíritu es el que la completa. En el pasaje que estamos estudiando vemos que esta herejía se remonta ya a las primeras iglesias,

Colosenses 1:18-19

18 Y El es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, El que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;
19 por cuanto agradó al Padre que en El habitase toda plenitud.

Así que en los versículos iniciales del capítulo doce Pablo establece cuatro principios básicos:

1. Dios pretende que su pueblo se ocupe de la totalidad de la vida espiritual, no sólo de los dones espirituales.

2. Dios no quiere que ignoremos el propósito de sus dones. (Volveremos a esto más tarde).

3. Cuando el Espíritu Santo controla un cristiano, éste no se extravía ni está fuera de sí como estaban y están los idólatras.

4. El Espíritu Santo no se exalta a sí mismo sino a Cristo como Señor. No menosprecia a Cristo ni su obra.

Habiendo trazado estas directrices, Pablo pasa a hablar ahora del origen de los dones. Es en el versículo cuatro que emplea por primera vez la palabra carismata. El tema del origen de los dones espirituales comprende los versículos 4-11.

En primer lugar, describe la diversidad en la unidad: “Diversidad de carismas” (v. 4), “diversidad de operaciones” (v. 6), “diversidad de ministerios” (v. 5). Luego describe la unidad en la diversidad: “el mismo Espíritu…. el mismo Señor…. el mismo Dios”. Esta unidad está en relación con la Trinidad. El Espíritu Santo da los dones, Cristo asigna el lugar del ministerio del don, y Dios el Padre provee la energía. Toda la Trinidad está implicada en mis dones y en su lugar de servicio.

En la medida en que yo utilizo mi don tal como Dios lo ideó, promuevo la unidad entre los creyentes y no la división. Aquí está la respuesta a uno de los problemas de los corintios, la división. Los auténticos dones espirituales, empleados tal como Dios quiere, unen a los cristianos, no los separan. Pablo hablará de esto más adelante.

Cuando llegamos al versículo siete nos vemos como limitados con una verdad totalmente opuesta a mucho de lo que hoy se enseña: “a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu”. Comparad esto con los versículos 11, 18 y 28 y veréis entonces una gran verdad: todo creyente YA posee su don o dones. Han sido conmovidos de forma soberana y fueron recibidos cuando nos bautizamos en el cuerpo de Cristo en el momento de nuestro nuevo nacimiento.

Primera Corintios 12:12-13

12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.
13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

Los corintios, en su egoísmo, buscaban dones espectaculares que llamaran la atención, que satisfacieran su yo cuando Dios ya les había dado los dones que El quería que tuviesen. Ningún cristiano debe orar o suplicar, ayunar o llorar, o hacer nada especial para recibir los dones. Ya se le han dado. Ahora él es el responsable de descubrirlos, desarrollarlos y usarlos.

Empezando en el versículo doce y continuando hasta el veintisiete, el apóstol Pablo emplea el cuerpo humano como ilustración del cuerpo de Cristo. Se origina con el nacimiento (v. 13) y encuentra la unidad en su diversidad (v. 12). Cada miembro tiene una función específica (v. 11) pero se benefician todos los miembros (v. 25 y 26). Dios es el Creador que lo ha ideado y El solo determina qué lugar y función van a tener los miembros (vs. 18, 24 y 28).
El apóstol traza un cuadro burlesco de aquellos miembros menos admirados que pretenden serlo más.

Primera Corintios 12:21

Ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros.

Imaginad, si podéis hacerlo, una oreja que diga: “Nunca nadie me mira con atención comentando mi hermosura como lo hacen con los ojos. Yo quiero ser ojo”. De modo que la pobre oreja empieza a ayunar y orar, se arrodilla, intentando ser ojo. ¡Es ridículo! La oreja es oreja. Dios le hizo oreja y la situó en la parte lateral de la cabeza. Si consiguiese convertirse en ojo, el cuerpo se vería dificultado a causa de la disminución del oído, y molesto por tener tres ojos.

Ahora bien, ¿cual es el punto clave que Pablo intenta explicar? En los versículos 28-30 encontramos la aplicación de su ilustración: Dios ha repartido dones de forma soberana y ha colocado a cada persona provista de un don en el lugar donde El ha dispuesto, no según nuestro deseo o voluntad. Las preguntas del apóstol, “¿son todos?…. ¿hacen todos?” exigen un “no” cada vez.

No todos son apóstoles, maestros, profetas o hacedores de milagros. No todos tienen el don de sanidad, de lenguas o de interpretación. Cuando tenemos en mente la afirmación de Pablo de que los dones ya han sido concedidos, y unidos esto con la observación de que no cada cristiano tiene el mismo don, entonces vemos cuan contraria es a la Escritura la enseñanza de que todos los creyentes han de buscar el don de lenguas.

Este era el problema de los corintios. Buscaban dones espectaculares, que llamaran la atención y en especial el don de lenguas. El escritor habla de esto en el último versículo del capítulo doce, versículo que en realidad pertenece al capítulo siguiente. Durante muchos años este versículo me pareció un rompecabezas. Pablo acababa de decir: “Dios concede los dones de acuerdo con su voluntad; no todos tienen el mismo don; todos los dones han de ser usados en beneficio del cuerpo y no para la edificación de un solo miembro”, mientras que ahora este versículo, tal como se traduce normalmente, manda buscar “los dones mejores”. Bueno, ¿quién se conforma con menos? Todos quieren dones que sean llamativos.

He notado que nadie empieza “un movimiento de ayuda” o “un movimiento para dar”, o un “movimiento para mostrar misericordia” y, sin embargo, estos son dones del Espíritu tanto como lo eran “las lenguas” y “la curación” cuyos nombres van normalmente asociados a movimientos.

¿Por qué ocurre esto? ¿Acaso no son tan satisfactorios para el ego? ¿Acaso nadie recibe bendición a través de esos otros dones? ¿Es que no son dramáticos ni sensacionales?
Ciertamente Pablo no tenía ningún problema porque los corintios sobreenfatizaran lo dones “menores” (?).

La cultura religiosa de Corinto daba una gran consideración al hablar en trance como señal de estar introducidos en las religiones de misterios. Evidentemente, los inmaduros cristianos de Corinto estaban utilizando mal el don de lenguas para llegar a los mismos resultados.

Por esto, el versículo tal como está traducido, contradice el contexto. Pero ningún versículo de la Escritura contradice el resto de la Palabra de Dios y cuando parece que esto es así, el problema radica en la traducción o la interpretación humanas, no en la Palabra de Dios.
Un día estaba leyendo una obra del teólogo alemán Bittlinger. Sugería que este versículo no es un mandamiento sino la declaración de un hecho. En este momento vi por primera vez lo que Pablo decía: “vosotros buscáis los dones espectaculares, pero yo os voy a mostrar algo mejor”.

La palabra “procurad” (zelao) tiene normalmente una mala connotación, un sentido de búsqueda en provecho propio, que es lo que Pablo está corrigiendo. Igualmente, el indicativo es más frecuente que el imperativo. Y lo que es más importante, el versículo así traducido encaja perfectamente con el contexto.

Ninguno de estos argumentos, si se toman aislados uno por uno, son concluyentes, pero cuando se unen los tres constituyen un alegato decisivo. De modo que lo que Pablo escribe es la declaración de un hecho (en indicativo), no un mandamiento (en imperativo) que señala el problema de los creyentes de Corinto y de muchos creyentes hoy en día, el problema del egoísmo y de la búsqueda en provecho propio. Ahora les enseñará el camino mejor (“más excelente”).

3 Cuando el amor tiene el control

Pablo finalizó el capítulo doce de Primera Corintios recordando a sus lectores que no todos poseen el mismo don.

Primera Corintios 12:29-30

29 ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas ¿hacen todos milagros?
30 ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿Interpretan todos?

Antes había dicho que Dios concedió los dones a los que previamente había escogido según su voluntad, la recepción de un don espiritual no es resultado de mucha oración, ayuno, lágrimas o sacrificio por parte del receptor, sino que es un don de gracia para el bien del cuerpo de Cristo y se recibe en el momento de la conversión, es decir, cuando somos bautizados en ese cuerpo mediante el Espíritu Santo.

Primera Corintios 12:12, 13, 18, 28-30

12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.
13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.
18 Mas ahora Dios ha colocado los miembros cada uno de ellos en el cuerpo, como él quiso.
28 Y a unos puso Dios en la iglesia, primeramente apóstoles, luego profetas, lo tercero maestros, luego los que hacen milagros, después los que sanan, los que ayudan, los que administran, los que tienen don de lenguas.
29 ¿Son todos apóstoles? ¿son todos profetas? ¿todos maestros? ¿hacen todos milagros?
30 ¿Tienen todos dones de sanidad? ¿hablan todos lenguas? ¿interpretan todos?

Todo creyente tiene por lo menos un don; algunos poseen más de uno.

Primera Corintios 12:7-11

7 Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho.
8 Porque a éste es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu;
9 a otro, fe por el mismo Espíritu; y a otro dones de sanidades por el mismo Espíritu.
10 A otro, el hacer milagros; a otro, profecía; a otro, discernimiento de espíritus; a otro, diversos géneros de lenguas; y a otro, interpretación de lenguas.
11 Pero todas estas cosas las hace uno y el mismo Espíritu, repartiendo a cada uno en particular como él quiere.

El problema en Corinto era que los miembros no se contentaban con descubrir y desarrollar sus dones; buscaban dones que llamaran la atención y la admiración, actitud descrita por Pablo en el versículo 31 del capítulo 12: “Vosotros codiciáis con afán lo carismático, pero yo os mostraré algo mejor”.

¡Qué conmoción debió representar esto para los corintios! ¿Qué podía ser mejor que ejercitar el don de lenguas, de profecía o de sanidad? Me imagino el barullo que se originaría en la asamblea al leerse públicamente estas líneas. “¿Qué está pensando Pablo? No debe hablar en serio. Quizá tiene celos porque hemos descubierto un campo que él todavía desconoce”. Prejuicios y afirmaciones como éstas no son difíciles de Imaginar si nos remontamos al día en que se leyó Primera Corintios.

Es importante recordar que el capítulo trece de primera Corintios no figura solo. No es una mera descripción hermosa del amor. Se trata del centro de la enseñanza de Pablo sobre la vida espiritual, y es absolutamente vital para comprender la verdad expuesta en los capítulos doce a catorce. Estos tres capítulos constituyen una unidad.
Aquí está la verdadera vida espiritual, una vida controlada por el fruto del Espíritu, no por los dones del espíritu. El apóstol emplea el fruto inicial —que todo lo abarca— el amor, como norma.

Gálatas 5:22,23

22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

El amor está en primer lugar y se puede ver fácilmente que, cuando este amor de Dios tiene el control, habrá gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad y el resto de las partes del fruto.

Por ello Pablo usa el fruto del Espíritu que es amor para describir la vida controlada por el Espíritu Santo. En primera Corintios 13:1-3 el ejercicio de carismata desprovisto del fruto del Espíritu se describe como inútil. Lenguas, profecía, conocimiento, fe, misericordia e incluso autosacrificio son un cero a la izquierda cuando la vida no lleva fruto espiritual. Es muy importante notar que Pablo dice que se puede poseer dones y carecer de espiritualidad. Los dones espirituales y la espiritualidad no son sinónimos. Además, expone claramente que los dones espirituales no producen espiritualidad. Esto ya nos lo ilustró el bajo nivel de vida espiritual de los corintios que tenían TODOS los dones.

En el versículo cuatro el apóstol pasa de lo negativo a lo positivo y prosigue describiendo la calidad de vida que surgirá cuando el cristiano esté controlado por el fruto del Espíritu:

Primera Corintios 13:4

El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece.

El amor es como un fuego que se extiende. No se detiene No es intermitente. No se enciende y se apaga. Es bondadoso.

El amor no tiene envidia de los dones del prójimo. Podríamos resumir en una frase la ilustración del capítulo 12:15, 16, ilustración que pone de manifiesto la actitud ridícula de los corintios: “Quiero tener su don. El habla en lenguas, profetiza. Todo lo que yo puedo hacer es administrar o mostrar misericordia. Quiero lo que él tiene”. ¡El amor no es envidioso!

El amor no busca lo suyo, “no se envanece, no es jactancioso”. Pablo vuelve otra vez a esta actitud, el deseo de edificación propia. En los párrafos anteriores les recuerda a los corintios que su primera preocupación debería ser el “cuerpo”, el conjunto, no los deseos individuales de cada miembro. “…. los miembros deben preocuparse los unos por los otros” (12:25). En el capitulo siguiente desaprueba las lenguas como instrumento de edificación propia y ensalza la profecía porque produce la edificación y el consuelo de otros (12:3, 4). Los corintios estaban orgullosos de sus dones. Ellos ya habían “llegado” y miraban con lástima y desdén a los que aun no habían recibido el “bautismo” con la señal inicial que era hablar en lenguas. Pablo les recuerda que el fruto de una vida controlada por el Espíritu no es orgulloso ni busca lo suyo. En el versículo cinco dice literalmente “no busca lo suyo” (13:5).
El amor no se comporta “indecentemente”.

No es nunca indecoroso ni está fuera de control. No da lugar a lo impropio. Durante más de veinte años el autor estuvo en relación con iglesias carismáticas. Vi mujeres “muertas bajo el poder”, tendidas en el suelo mientras los obreros del altar les tiraban de las faldas o las cubrían con “ropas del altar” para minimizar aquella indecente situación. ¿No es inconcebible que el Espíritu SANTO participase de un acto tan indecoroso? El amor no se comporta indecorosamente. Esta frase, unida a lo que decíamos sobre su descontrol cuando eran paganos (12:2), es una amonestación poderosa. Dios no es autor de confusión (14:33) o de comportamiento indecoroso y cuando éstos se presentan no son del ESPÍRITU SANTO.

Viene ahora la clave de primera Corintios 13:8-12. Si seguimos la lógica de Pablo, desaparece la confusión relativa a las lenguas, a la profecía y al don de sabiduría. “Lenguas”, así se llamaba el juego de los corintios, la única iglesia de las que Pablo escribió en que existía esta situación. Los corintios estaban lejos de cumplir los propósitos de Dios respecto a este don y lo usaban como un juguete atractivo y placentero. Ahora Pablo va a poner las cosas en su sitio de una vez por todas.

“El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán”. Aquí el verbo requiere un objeto externo que lo complete, “….y cesarán las lenguas”. “Cesarán” no requiere nada para que la acción sea completa. Las lenguas cesarán en y por sí mismas, “….y la ciencia acabará”. Aquí de nuevo es transitivo, exigiendo una influencia externa igual que la profecía.

Contrariamente a lo que piensan algunos, Pablo no equipara la profecía, las lenguas y la ciencia en su final, no acaban todas al mismo tiempo. Con frecuencia se oyen frases como: “Si las lenguas han acabado, también la ciencia debe acabar. Pero tenemos la certeza de que la ciencia todavía permanece, por tanto las lenguas deben permanecer también”. Tales afirmaciones demuestran una total ignorancia de lo que el apóstol dijo. Lejos de unir las lenguas, la profecía y la ciencia, al usar el verbo en sus dos formas, lo que hace es separar las lenguas de los otros dos. Además, incluso la voz es diferente; la frase sobre la profecía y el conocimiento están en pasiva mientras que la afirmación relativa a las lenguas está en voz media (equivalente a la reflexiva en español).

La pregunta debe ser por tanto, ¿cuándo acabarán las profecías y la ciencia? La respuesta se halla al seguir el uso lógico de la expresión “en parte”. Observad el versículo nueve: “Porque EN PARTE conocemos, y EN PARTE profetizamos”. Miremos ahora el versículo diez: “Más cuando venga lo perfecto, entonéis lo que es EN PARTE se acabará”. ¿Qué es “en parle”? La ciencia y la profecía. Por tanto, Pablo dice que cuando llegue la perfección, la ciencia y la profecía acabarán. ¿Cuándo será esto? La respuesta está en el versículo doce. Observad de nuevo la expresión “en parte”.

“Ahora vemos por espejo, oscuramente [nuestra profecía es “en parte”]; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco EN PARTE; pero entonces conoceré femó fui conocido.”

La perfección que motiva el final de esa ciencia y profecía parciales se dará en el día cuando el cuerpo de Cristo, la Iglesia, esté por fin madura y completa (véase Ef. 4:7-16). Cara a cara con su cabeza (Jesucristo) y poseyendo un conocimiento perfecto. Hasta entonces permanecen “en parte”, el don de la palabra de sabiduría y el de profecía (ek me-rous), (véase primera Co. 12:27); “en particular” para que sean utilizados por aquellos a quienes han sido concebidos.

¿Habéis observado que Pablo, una vez ha afirmado que las lenguas cesarían (13:8), ya no dice nada más acerca de este don? ¿Cuándo acabaron las lenguas? La contestación sólo se nos insinúa en este pasaje. El apóstol se reserva la respuesta final para el versículo veintidós del capítulo catorce:

Primera Corintios 14:22

Así que, las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos; pero la profecía, no a los incrédulos, sino a los creyentes.

Las lenguas son por señal….” ¿Señal para quién? ¿Para el cristiano confirmando su “bautismo”? No. “… NO a los creyentes….”. Las lenguas NO SON señal para los cristianos.

La primera vez que comprendí este versículo tuve una verdadera consternación. Me habían enseñado que las lenguas eran señal en el creyente de que el Espíritu Santo controlaba la vida de tal forma que incluso la lengua le estaba sujeta. Entonces entendí el versículo, “las lenguas son por señal, no a los creyentes, sino a los incrédulos”. ¿Quiénes son los incrédulos? La respuesta está en el versículo veintiuno:

Primera Corintios 14:21

En la ley está escrito: En otras lenguas y con otros labios hablaré a este pueblo; y ni aun así me oirán, dice el Señor.

El “así que” inicial del versículo veintidós lo enlaza con el versículo anterior en el que Pablo cita Isaías 28: 11-12 el mensaje del juicio divino sobre la nación de Israel. Jehová había hecho todo lo posible por su pueblo, les había enviado hambre, pestilencia, sequía, todo ello sin ningún resultado. La nación se alejaba cada vez más de Dios; rehusando su “reposo” y “refrigerio”, no quisieron oír. Isaías fue el portavoz de esta amonestación, prediciendo la invasión por parte de Asiría y la cautividad de Israel. “Oiréis a hombres hablar en lenguas que no entenderéis. Os conquistarán y capturarán y entonces sabréis que mi juicio ha llegado”. La predicción se convirtió en realidad 784 años antes de que Pablo escribiera a los corintios. Una vez más Dios se preparaba para juzgar a Israel. Jesús advirtió: “cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado…. y caerán a filo de espada y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles….” (Lucas 21:20 y 24). De nuevo se pudo oír la señal del juicio, con hombres “de otras lenguas…. hablaré a este pueblo [Israel]….” Cuando Tito Flavio sitió la ciudad de Jerusalén y dispersó a los judíos en el año 70 d. C, desapareció el motivo de las lenguas y cesó el don. Desde entonces no se han hablado lenguas en el sentido bíblico. Ya no hay razón para la señal y Dios no da los dones como juguetes cuando su propósito ha terminado.

Dije anteriormente que Pablo esbozaba la respuesta a la pregunta —¿Cuándo cesaron las lenguas?— en este capítulo (13) que trata sobre la vida controlada por el Espíritu. Retrocedamos un poco y miremos el versículo 11 del capítulo 13 y comparémoslo con el versículo 20 del capítulo 14.

Primera Corintios 13:11

Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño.

Primera Corintios 14:20

Hermanos, no seáis niños en el modo de pensar, sino sed niños en la malicia, pero maduros en el modo de pensar.

Notad que ambos versículos hablan de niñez y madurez. Las lenguas eran por señal (14:22) de la Iglesia mientras Israel estaba todavía en su tierra. Una señal del juicio inminente de Dios sobre la nación. En el capítulo 13, Pablo dice: “la profecía y el conocimiento estarán con la Iglesia hasta el día de la perfección, cuando tengamos un conocimiento perfecto y veamos cara a cara»; pero el don de lenguas que pertenece a Ia infancia de la iglesia cesará cuando su razón de ser haya desaparecido”. Es decir, hay que dejarlo (13:11) al alcanzar la madurez. En el capítulo 14, está diciendo: “no seáis niños en el modo de pensar; creced, sed maduros, sabed el motivo del don, no os quedéis en lo que es propio de la infancia sino avanzad hacia la madurez. Recordad, cristianos judíos, la profecía de Isaías, el motivo por el que se da el don de lenguas”.

Un breve examen de las tres ocasiones en los Hechos donde se habló en lenguas (y hay sólo tres) pondrá de manifiesto que en cada caso estaban presentes los judíos (Hch. 2; 10:45; 19, considerando también 18:28).

Esto explica los dos tipos de incrédulos de Corinto: el incrédulo culto del versículo 22 que conocía los profetas y reconoció la señal del juicio inminente de Dios cuando oyó a la iglesia hablar en lenguas que no conocía ni entendía; por otro lado, el incrédulo poco culto, el pagano de Corinto sin contacto previo con la Palabra de Dios, quien al oír este fenómeno (ignorando su significado), pensó que los cristianos estaban locos (14:23).

Así que las lenguas cesaron una vez hubo terminado la razón de su existencia. Cesaron tal como Pablo lo había dicho. Pero esta vida controlada por el Espíritu, vida de amor y de fruto, continúa y es asequible a cada cristiano que está a disposición de Dios (Ef. 5:18-20).

Antes de dejar el tema de la vida controlada por el fruto del Espíritu en oposición a la vida centrada meramente en los dones, consideremos un poco más la calidad de vida que se describe en el capítulo trece y veamos luego cómo Pablo la aplica a los corintios en el capítulo catorce.

“El amor no tiene envidia….no es jactancioso, no se envanece….no busca lo suyo propio….”.

Comparemos estas frases con “el que habla en lenguas [una lengua desconocida para el que habla] no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende….” (14:2). No fue nunca intención de Dios que nos dirigiéramos a El de una forma incomprensible para el que habla. Repasemos las epístolas y examinemos todas las referencias a la oración. Veamos luego lo que Jesús dijo acerca del mismo tema y no encontraremos ninguna afirmación o mandamiento que sugiera la oración en lenguas. Sólo de los carnales creyentes de Corinto se dice que lo practicaban.

Pablo dijo “cuando hablo a Dios hablo con mi entendimiento por el Espíritu Santo” (v. 15).

¡Nadie necesita saber lenguas para orar!

¿Entonces, por qué lo hacían los corintios? Dios dio el don de lenguas para dirigirse a HOMBRES —Israel— no a Dios. Los cristianos carnales de Corinto, envidiándose mutuamente sus dones y anhelando algo espectacular llamativo, estaban usando el don como un distintivo de espiritualidad delante de sus hermanos. Hablaban a Dios en vez de hablar a Israel y así podían decir: “Mira, he llegado a un nivel espiritual tan alto que puedo hablar misterios al Eterno”, práctica procedente en realidad de su antiguo paganismo. Observad la vigorosidad con que Pablo se opone a esto en el siguiente versículo (v. 3), así como en los versículos 4, 5 y 9. La propia edificación, el deseo de ser admirado y respetado por otros no es del Espíritu Santo, porque este “no se envanece…. no busca lo suyo, no es jactancioso….”

El Espíritu Santo inspira la profecía (la predicación de la Palabra) que edifica, exhorta y consuela a todo el cuerpo de Cristo y que todos pueden entender con facilidad. Pablo traza unos cuadros satíricos de los corintios; un instrumento musical tan desafinado que no puede ser reconocido; un corneta tan incompetente que el Ejército no sabe lo que se le ordena (vs. 7, 8 ) y luego aplica estas ilustraciones al mal uso y abuso de las lenguas empleadas egoístamente y no tal como Dios las ideo. “Tenéis que hablar —dice Pablo— de forma que os entiendan, buscad la edificación de la Iglesia, no la vuestra propia”.

¿Pero qué acerca de las ocasiones cuando había judíos en las reuniones? Era correcto usar lenguas, pero no más de tres personas debían ejercitar el don (v. 27). Además, puesto que habría también inconversos poco cultos, personas cuyo trasfondo no les daba la comprensión que poseían los judíos, las lenguas debían ser interpretadas a fin de que todos los presentes, judíos o paganos, pudiesen entender. La confusión nunca es de Dios.

La histeria, la confusión, el habla misteriosa y el comportamiento indecoroso o egoísta estaban presentes en esta iglesia carismática de Corinto. Pero nada de esto debe caracterizar a una comunidad que está controlada por el fruto del Espíritu. La edificación propia cede el lugar al bien común en el cuerpo de Cristo y la mirada está puesta en el señorío de Cristo, no en los logros del creyente. “Estáis buscando dones espectaculares, pero aquí hay un camino mejor”.

4 ¿Qué es lo que dijiste?

Después de leer los capítulos doce y trece de primera Corintios, podemos preguntarnos ¿por qué se molestó Pablo en añadir otro capítulo? Ya ha corregido a los lectores en lo concerniente a los dones carismáticos por cuanto Dios ha dado a cada uno don o dones según su voluntad. Les ha exhortado a ocuparse de “lo espiritual” y a entregar su control al fruto del Espíritu, no a los dones. En el transcurso de esta exhortación les recuerda que las lenguas cesarían tan pronto como hubiese desaparecido su razón de existir (14:21, 22). Este don era señal inequívoca de una iglesia inmadura (13:11; 14:20) y de sus apóstoles y una señal del juicio que había de venir sobre el rebelde y desobediente Israel.
La iglesia estaba tan obsesionada por una señal pasajera que descuidaba sus responsabilidades en el lugar y el momento donde Dios la había puesto.

¡Pero Pablo no se fía! Quiere asegurarse de que sus lectores entienden lo que quiere decir, y por ello escribe el capítulo catorce. El capítulo empieza con la misma palabra que usó al iniciar el doce: “Seguid el amor y buscad lo espiritual….”. La palabra “dones” ha sido otra vez aquí puesta por los traductores. No aparece en el original. El tema es la vida espiritual con el fruto del Espíritu que es el amor.

Esa profecía, tal como el apóstol emplea el término, no es algo limitado a personas especiales de la iglesia.

Ello se ve claramente en el versículo 31: “Porque podéis profetizar TODOS uno por uno, para que todos aprendan, y todos sean exhortados”.

Los resultados de la profecía se enumeran en el versículo tres: “edificación, exhortación y consolación”. Estos contrastan con la inutilidad de las lenguas: “nadie entiende”. En realidad, Pablo presenta aquí una comparación numérica entre las lenguas y la profecía, comparación bastante llamativa: “… en la iglesia prefiero hablar cinco palabras con mi entendimiento [profecía] que diez mil palabras en lengua desconocida”. Si recordamos que diez mil era el número más alto que tenían los griegos, podríamos parafrasear la comparación y decir: que infinitas palabras en lengua desconocida”.

Dicho de otra manera, Pablo coloca la predicación controlada por el Espíritu en el primer lugar de la lista de lo deseable y las lenguas en el último, incluso en aquellos días cuando todavía desempeñaban una función apropiada. La razón es obvia; la predicación se puede entender, las lenguas no. La predicación edifica, anima y estimula; las lenguas simplemente centraban la atención en el que hablaba (14:4). La predicación lleva convicción al pecador, las lenguas llevaban al ridículo (14:23-25).

En este punto surgen varias preguntas:

1). ¿No dijo Pablo que hablaba en lenguas más que todos ellos? Sí (v. 18), pero Pablo era apóstol, usado por Dios para proclamar el mensaje a los judíos. En todas las ocasiones en que se hablaron lenguas en el libro de los Hechos había judíos y por lo menos un apóstol. Los corintios usaban los dones de Dios como un juguete, no como advertencia a Israel. Puesto que Pablo murió el año 70 d. C, probablemente ejerció el don de lenguas siempre que el lugar y el momento eran propicios para hacerlo. Las lenguas, empleadas adecuadamente en los días de Pablo no guardan ninguna relación con lo que hoy pretende ser el mismo don.

2). ¿No dijo Pablo que deseaba que todos hablasen lenguas? Sí (v. 5), pero recordemos de nuevo el momento y el propósito. Israel estaba todavía allí; y aún así, el apóstol prefiere la predicación. Leamos el resto del versículo, ¡no sólo el principio!

3). ¿No fomentó Pablo el uso de las lenguas en la oración personal de cada uno? ¡No, en absoluto! En el versículo que se cita normalmente para apoyar esta teoría (v. 15), Pablo dice que oraba a la vez con el entendimiento y con la bendición del Espíritu. El “entendimiento” y el “Espíritu” no están separados, van juntos. Cuando Pablo oraba entendía lo que decía. Esto lo calificó como mejor que orar en lenguas (v. 14). Algunos han intentado encontrar oración en lenguas en Romanos 8:26; pero no es correcto. Los “gemidos” allí mencionados no se pueden pronunciar, son inefables.

4). ¿No hay diferencia entre las lenguas habladas en los Hechos y las de Corinto? Según la Escritura, no. Sólo se utiliza una palabra para ambas, glosolalia, significando “idioma usado por los habitantes del mundo”. Todos los grandes diccionarios griegos no bíblicos emplean la palabra en relación a un idioma conocido. Sólo algunos teólogos, presuponiendo que los corintios hablaban extáticamente, hicieron tal diferencia. Ni el idioma ni el uso bíblico apoyan esta idea. La iglesia primitiva hablaba lenguas que eran reconocibles por los demás; de no ser así, la amonestación a Israel no hubiese surgido efecto. Ningún judío hubiese considerado la palabrería extática como cumplimiento de la profecía de Isaías.

5.) ¿No habla este pasaje de lenguas angélicas? La referencia está en el versículo uno del capítulo trece: “Si yo hablase lenguas humanas y angélicas….” Estas lenguas son, desde el punto de vista gramatical, puramente hipotéticas, (ean “si”); además, siempre que los ángeles hablaban lo hacían en el idioma de las personas a las que se dirigían. Lejos de apoyar “un idioma celestial”, este versículo aboga por un habla comprensible.

Cuatro verdades se desprenden de este capítulo.

1). Las lenguas en el sentido bíblico era la capacidad sobrenatural para hablar en idiomas conocidos que no eran entendidos por el que hablaba. No era palabrería o lenguaje extático.

2). Las lenguas eran una señal especial de la continuación de la Palabra ante el Israel rebelde e incrédulo hasta la destrucción de Jerusalén y la dispersión de la nación que empezó en “tiempos de los gentiles.”

3). Las lenguas bíblicas ya no están en vigencia hoy. Su propósito se ha cumplido y el fenómeno ha terminado.

4). Los corintios estaban fascinados por las lenguas porque centraban la atención en el que hacía uso de ellas. Esta preocupación llevó a un mal uso del don ya que se edificaban a sí mismos, sin tener en cuenta la vida espiritual del conjunto, y fracasaron en su labor de testificar en la ciudad. ¡La catástrofe de Corinto!

5 “Danos señal”

Hemos visto que el don de lenguas era una señal (primera Corintios 14:22). “Las lenguas son por señal”. Hemos visto también que esa señal no era para el creyente sino para el judío incrédulo y que Dios respondía con ello a algo peculiarmente judío, el deseo de señales. En Mateo 12:38 los escribas y fariseos le dicen a Jesús: “Deseamos ver de ti señal”. La respuesta del Señor fue que no recibirían otra señal más que la del profeta Jonás que era tipo de su muerte, sepultura y resurrección. Este anhelo de señales se repitió en Mateo 16 y en Marcos 8. En Juan 6:30-31 la gente de aquellos días le recuerda al Señor que Dios les había dado señal a través de Moisés, la señal del maná en el desierto.

Aunque Jesús dijo que no habría otra señal que la de Jonás, después de la muerte y resurrección de Cristo (a través de la cual se cumplió esta señal profética), Israel recibió ciertas señales para refrendar y autorizar a la iglesia naciente y sus apóstoles. Leemos en Hechos 2:43: “Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles”. De nuevo en segunda Corintios 12:12 el apóstol Pablo refrenda su apostolado diciendo: “Con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros”. Esta idea se repite en Hebreos 2:3-4 donde se pregunta “¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada, por los que le oyeron”. Y estos “que le oyeron” eran justamente los apóstoles. Observad el versículo siguiente: “Testificando Dios juntamente con ellos [los apóstoles], con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad”.
Cuando juntamos estos versículos se hace evidente que Dios puso el sello de su aprobación sobre la Iglesia naciente y sus apóstoles mediante señales y milagros.

Si ahora miramos en primera Corintios 14 y vemos que el Espíritu Santo dice “las lenguas son por señal”, descubrimos una de estas señales. Las otras eran los milagros por un lado y el don de sanidad por otro. En las referencias previamente citadas los milagros se mencionan específicamente como señales de los apóstoles. La sanidad, como señal, puede verse en Hechos 5:12, 15. En el versículo 12, leemos: “Y por la mano de los apóstoles se hacían muchas señales y prodigios en el pueblo”. ¿En qué consistían estas señales? Vayamos al versículo 15: “Tanto que sacaban los enfermos a las calles, y los ponían en camas y lechos, para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra cayese sobre alguno de ellos”. El versículo 16 acaba con estas palabras: “Y eran sanados”.

Así que las lenguas, los milagros y el don de sanidad eran todos señales que refrendaban a la iglesia primitiva y sus apóstoles. Del mismo modo que ahora ya no hay lenguas porque su razón de existir ha terminado, así también las señales sobrenaturales que daban autoridad a la iglesia y sus apóstoles ya no están con nosotros. No hay apóstoles hoy y la Iglesia no necesita el mismo refrendo que en sus primeros días.

Una objeción a esta podría ser: “Bien, entonces usted no cree que Dios cura hoy en día o realiza algún tipo de milagros”. Eso está lejos de mi intención. Lo que decimos, y lo que la evidencia de la Escritura apoya abrumadoramente, es que el don de sanidad y la realización de milagros como don ya no se dan en nuestros días, lo cual ocurre también con las lenguas. Aun aquellos que pretenden tener hoy el don de sanidad no lo ejercitan como lo hizo la iglesia primitiva. Cuando uno lee el libro de los Hechos descubre que las curaciones eran algo espontáneo que nadie era animado a “saltar la fe” o “esperar con expectación un milagro”. De hecho, algunos de los curados eran los primeros en sorprenderse. Tomemos como ejemplo el cojo a la puerta del Templo que fue sanado por Pedro y Juan. Esta historia se relata en el tercer capítulo de los Hechos. Notemos en primer lugar dónde aconteció el milagro, en el Templo. Era una ocasión que los judíos podían contemplar, comprobando la autoridad de la iglesia primitiva y de los apóstoles. Observemos en segundo lugar que el cojo no esperaba nada más que limosna.

No esperaba la curación, no pidió ser sanado, no buscaba a Dios para que acabara con su enfermedad. En realidad, nada evidencia que fuera creyente. Cuando Pedro y Juan se le acercaron, él les miró esperando limosna, nada más. Su fe no participaba en este acontecimiento. Cuando Pedro le habló, le dijo: “No tengo plata ni oro” y luego prosiguió “en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”. En este momento Pedro se agachó, tocó al hombre con la mano derecha y lo arrastró literalmente hasta sus pies. El hombre no participó en ningún momento. Esto es una ilustración clásica del don de sanidad. No requería preparación, tampoco fe por parte del beneficiado. Acontecía sólo por la voluntad soberana de Dios como señal divina a la nación de Israel para dar autoridad a la iglesia primitiva. Y siempre que se ejerció este don, nunca fracasó. Nadie marchó sin ser curado. Al comparar esto con lo que hoy pasa como don de sanidad, se ve fácilmente una gran diferencia.

Lo mismo se puede decir de los milagros. Jamás se realizaron a petición de las personas. No se hacían con mantos especiales enviados de lejos o poniendo las manos sobre un aparato de televisión o con la manipulación psicológica de una multitud. Se realizaban por la soberana voluntad de Dios como señales acreditativas de los apóstoles y de la iglesia primitiva.

Ya vimos antes la razón del don de lenguas, pero permitidme señalar un hecho significativo que a menudo pasamos por alto. Las lenguas no eran un instrumento evangelístico para alcanzar a los inconversos que, de no ser así, no podrían entender el mensaje. Retrocedamos y leamos el segundo capítulo de los Hechos. Los ciento veinte hablaban en lenguas que no habían conocido previamente antes de que la multitud se reuniera. Si esto era evangelización, ¿a quién evangelizaban en aquellos momentos? Además, la multitud que se reunió el día de Pentecostés no necesitaba oír el evangelio en su idioma propio. Entendían el idioma que hablaba Pedro (probablemente el arameo). Fue mediante el discurso de Pedro en un solo idioma, idioma que todos entendían, que la convicción vino sobre ellos y tres mil se entregaron al Señor. Fue el escuchar las obras maravillosas de Dios en sus propias lenguas (Hch. 2:11) lo que les convenció de que esto era señal de Dios. No era evangelización, sino un ministerio que constituía una señal.

Notemos una vez más que las señales se hacían siempre donde había judíos y por lo menos un apóstol. Estas señales, una vez habían cumplido su función de refrendar a la iglesia primitiva y a los apóstoles, desapareció. El don de sanidad no está vigente hoy en día y aquellos que pretenden tenerlo, no lo practican en absoluto como la iglesia primitiva. Igual ocurre con el don de hacer milagros y el de lenguas.

Hoy oramos por los enfermos, pero lo hacemos dentro del contexto de la voluntad de Dios para esa persona. Obviamente la fe está implicada en ello, lo mismo que la obediencia y la confesión del pecado. Leamos Santiago, capítulo cinco, y observemos cómo todas estas cosas son parte de ese proceso. Dios puede curar— y de hecho cura— a su pueblo, pero no hay ninguna garantía o seguridad absoluta como la había con el don de sanidad. Algunos han intentado encontrar una solución fácil al hecho acusando al enfermo y diciéndole: “no tienes suficiente fe”. Esto simplemente no encaja con la Palabra de Dios.

Dios realiza milagros también hoy.

Cualquier misionero podría hablarnos de las intervenciones milagrosas de Dios supliendo necesidades especiales, protegiendo a personas, etc. Todo cristiano que haya andado con el Señor un cierto tiempo puede afirmar lo mismo. Pero esto no es el don de hacer milagros. El don de hacer milagros no falló nunca. Siempre, junto con el de sanidad y el de lenguas, fue realizado por apóstoles y en presencia de judíos. Así que, cuando decimos que estos dones ya no existen, no limitamos a Dios afirmando que no puede hacer ciertas cosas; estamos meramente reconociendo lo que Dios ha afirmado en su propia Palabra. Y al hacerlo, nos encontramos de acuerdo con esa Palabra. Israel buscaba señales. Antes de la muerte, sepultura y resurrección del Señor, no se le dio ninguna otra señal al pueblo que la de su venida redentora. Después de la resurrección se dieron señales que silenciaron a los judíos y refrendaron a la iglesia naciente y sus dirigentes.

6 ¿Qué acontece hoy?

Cuando el estudiante sincero se acerca a las Escrituras con una mente abierta y descubre las verdades hasta aquí expuestas, observa los diferentes movimientos de las iglesias de hoy y se pregunta: ¿qué pasa? Si, como la Biblia afirma claramente, las lenguas han cesado, entonces ¿en qué se recrean esas personas? Y no nos hagamos ilusiones, ellos lo llaman “lenguas”. No hay movimientos “para servir” o “para dar”, movimientos basados en algunos de los otros dones mencionados por Pablo en Romanos 12 y primera Corintios 12. Sin las lenguas, el movimiento carismático se derrumbaría. Pero si las lenguas en el sentido bíblico han terminado, ¿qué es lo que oímos hoy?

Algunos están muy prestos a colgar la etiqueta de “satánico” a todo el fenómeno actual de las lenguas, y efectivamente no sería sensato ignorar esta posibilidad.

Si retrocedemos en el tiempo, tanto como la historia nos permite, veremos que ya primitivamente el hablar en lenguas formaba parte de las ceremonias de religiones paganas. Algunas de estas ceremonias eran indignas y participaban en ellas fuerzas demoníacas. Estas prácticas eran normales en los días de Pablo y también hoy los misioneros podrían contarnos fenómenos similares. Es un hecho conocido que los espiritistas, mormones y otros grupos anticristianos hablan en lenguas.

Un hecho interesante sobre el movimiento carismático moderno es que acepta a aquellos que no están a la altura de las exigencias bíblicas en tanto que creyentes “nacidos de nuevo”. Los mismos dirigentes del movimiento aceptan que hay algunos que no creen en doctrinas tan esenciales como la Trinidad, al nacimiento virginal y la divinidad de Cristo. Y sin embargo, estas personas hablan en “lenguas”. ¿Acaso el Espíritu Santo puede bendecir a incrédulos y blasfemos o es que se trata de otro “espíritu”? No podemos desechar alegremente esta posibilidad real de la influencia satánica. No obstante, la presencia de cristianos auténticos que aman al Señor con sinceridad debería ser un aviso para los que, quizá con demasiada rapidez, llaman “satánicos”.

En líneas generales, el movimiento carismático se compone de personas provenientes de cinco trasfondos. El primer grupo es el pentecostal tradicional o clásico. La mayoría de sus miembros nacieron ya dentro del movimiento, pues los pentecostales remontan sus orígenes a principios de siglo. Normalmente conocen muy poco de lo que ocurre fuera de sus iglesias y desaprueban a menudo ciertas corrientes del movimiento moderno, tales como actitudes ligeras respecto al beber, al fumar, y a lo que engloban —porque así les ha enseñado— bajo el nombre de “diversiones mundanas”.

Un segundo grupo viene de las iglesias liberales donde ellos y sus padres han estado recibiendo “piedras” en vez del “pan” que necesitaban y querían. La naturaleza aborrece los vacíos y tenía que llegar tarde o temprano una revuelta contra la creencia estéril del liberalismo. En estos círculos, cuando cuajó la idea de que era posible y respetable una experiencia espiritual, no hubo forma de detener el alud de almas hambrientas y sedientas que deseaban, (y aún desean) algo más que acción social o filosofía humana.

Un tercer grupo, que está creciendo rápidamente, es el de los carismáticos católico-romanos. Cuando el Papa Juan XXIII abrió las ventanas de la iglesia de Roma para que “entrara un poco de aire fresco”, al mismo tiempo dejó salir a personas cuya alma estaba cansada de sacramentalismo y que ya no quería continuar siendo espectadores del drama religioso que se representaba en la misa cada domingo por la mañana. Mientras permanece leal a la iglesia y sus dogmas, este grupo ha entrado a formar parte del “movimiento de las lenguas” y abraza a los carismáticos de otras procedencias como “hermanos”.

Un cuarto grupo viene de las iglesias protestantes ortodoxas donde se ha creído y practicado la Biblia, pero, sin el hábito de Dios sobre ella. Durante demasiado tiempo, muchas iglesias han sido focos de predicación y enseñanzas aburridas, secas y pedantes. Su filosofía ha sido que la palabra predicada y enseñada es suficiente, y han ignorado al Autor del Libro, al Espíritu Santo. Este podría desaparecer de muchas iglesias ortodoxas algún domingo y nadie lo notaría. Tenemos aquí corazones que anhelan algo que les llegue más allá del oído y de la mente.

El quinto grupo se compone de jóvenes que han calificado a la Iglesia como una institución hundida en un pantano de ritos y formas; son jóvenes que buscan algún tipo de comunicación directa con el cielo. Habiendo probado las drogas, el ocultismo y el amor libre, y no encontrando ninguna satisfacción duradera, acuden a lo carismático en busca de una experiencia nueva y diferente.

Todos estos grupos tienen un denominador común, el deseo de experimentar algo. “Quiero conocer, sentir, tener”. Se oyen con frecuencia frases como “no lo eches si no lo has probado” y “aquel que tiene una experiencia no está nunca a merced del que sólo posee un argumento”. Un dirigente muy conocido del movimiento carismático, dirigiéndose a un grupo formado por personas de los diferentes trasfondos mencionados antes, después de leer un pasaje de la Escritura, cerró la Biblia y dijo: “Puesto que no vamos a estar de acuerdo en la interpretación de este texto, os voy a contar yo mi experiencia y así podremos tener algo sólido”. Pat Boone, dando su beneplácito a la rama juvenil del movimiento, ha dicho que éste no tiene “cuartel general”, ni líder ni doctrina. Sólo “se alimentan de Jesús”.

¿Qué hay de malo en ello? ¿Es la experiencia algo malo en sí? Desde luego que no. La vida cristiana es una vida de amor, “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón….” Y el amor es algo experimental, no teórico. Pero Jesucristo dio el modelo correcto en el evangelio de Juan, capítulo ocho, versículo treinta y dos: “Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres”. Lo que es esta verdad se ve en el versículo anterior, “mi Palabra”. El designio de Dios va de la verdad a la experiencia, no de la experiencia a la verdad. La fórmula: “He tenido una experiencia. En la Biblia, encuentro experiencias como la mía. Por tanto, mi experiencia es bíblica”, es una fórmula peligrosamente engañosa. ¿Por qué?

1). Las experiencias son a menudo contradictorias. Varias personas, profesando todas tener una experiencia con o de Dios, pueden diferir radicalmente cuando se llega a la “verdad” que aprendieron de su experiencia. ¿A cuál de ellos hemos de creer?

2). La experiencia puede ser emocionalmente poderosa, pero también peligrosamente engañosa. Muchas personas sinceras que tuvieron experiencias notables, han descubierto más tarde que estaban engañadas. Tan pronto como se admite la posibilidad de engaño, se derrumba este argumento de “de la experiencia a la verdad”.

Así que nos vemos forzados a acudir al modelo de Cristo y de los escritores del Nuevo Testamento: de la verdad de la Palabra a la experiencia. Si mi experiencia concuerda con las Escrituras, estupendo. Pero si mi experiencia no está en armonía con la Palabra revelada por Dios, entonces hay que abandonarla.

El apóstol Pedro escribió una de las frases más duras concernientes a esta verdad en su segunda epístola, capítulo uno. Pedro dice: “Estaba yo en el monte de la transfiguración con Cristo. Vi a mi Señor en su gloria eterna. Llegué a oír la voz de Dios. Pero hay una palabra más segura que mi visión, la Palabra de Dios inscrita en la Biblia”. Su experiencia se subordinaba a la Palabra de Dios.

El movimiento carismático se orienta experimentalmente. La Biblia se usa para apoyar la experiencia de sus miembros. Sacan los textos de su contexto y pasan por alto o explican a su manera aquellos pasajes que reprenden las prácticas por ellos seguidas. Los que insisten en ser fieles a las Escrituras son acusados de “intelectuales” y de “seguir la letra más que el Espíritu”. Pero el Espíritu Santo es el autor de esa “letra” y no respalda experiencias que contradigan su propia palabra.

Todo ello nos lleva otra vez a la pregunta: ¿Qué acontece hoy? Sabemos por la Palabra de Dios que las lenguas del Nuevo Testamento ya no existen. Sabemos también que no se hablan “lenguas celestiales” aquí en la tierra. Además, la posibilidad del engaño satánico es real y siempre vigente. Pero acusar en todos los casos a cristianos sinceros de engaño satánico es injusto e irreal a la vez.

Cuando recordamos que mucho antes de que Dios amonestara a Israel sobre la venida del juicio (mediante el hecho de que los cristianos hablarían en lenguas que no habían aprendido) había habido un tipo de lenguaje extático relacionado con la experiencia religiosa, podemos comprender entonces estos fenómenos modernos. El anhelo de experiencia, unido a la instrucción, motivación y aprobación del grupo da lugar al habla extática. Ya he dicho públicamente muchas veces: “Dadme un grupo de personas que estén dispuestas a hacer lo que yo les mande; cantar, levantarse, relajarse, hacer los movimientos adecuados, etc. y sólo será cuestión de tiempo que algunos lleguen a hablar extáticamente”. Se trata de un fenómeno psicológico que no guarda semejanza alguna con las lenguas de la Biblia. He oído cientos de “mensajes en lenguas” e interpretaciones. Ni uno solo aportó nunca algo de valor a la reunión. Todo será una recomposición de la Escritura (citada a menudo de forma inexacta). Promovían falsas enseñanzas, o hacían predicciones extravagantes y fantásticas o se les asignaba para que reprendieran a aquellos que estaban en desacuerdo con el que había hablado.

Las lenguas bíblicas no eran lenguaje extático, y el moderno lenguaje extático no es lengua bíblica. El deseo de una experiencia ha llevado subrepticiamente a muchos creyentes a participar en fenómenos psicológicos que equivocadamente califican como “hablar en lenguas”. En el proceso, puesto que disminuyen las inhibiciones, se llevan a cabo muchas experiencias emocionales de euforia, excitación, liberación, etc. Pero ceder a la inhibición puede ser peligroso. Pablo advirtió: “Los espíritus de los profetas estén sujetos a los profetas” (primera Cor. 14:32). Dios nunca lleva a sus hijos a perder el control. Eso era característico del paganismo del que procedían los corintios (primera Cor. 12:2). El enemigo del alma está siempre a punto para aprovecharse de cualquier situación “fuera de control” y miles de cristianos pueden testificar apenados de los resultados finales.

Estas experiencias no sólo abren una brecha que Satanás está presto a explotar; pueden dañar psicológicamente al individuo. Los escritores carismáticos advierten continuamente a los que hablan en lenguas que van a sufrir una crisis nerviosa. Pero lo achacan al diablo e instan al lector a “renovarse” lo antes posible. Que estas crisis no se encuentran en el libro de los Hechos y que los primeros cristianos no hablaban siempre en lenguas, parece no inquietar a estos maestros. Cuando Pedro daba razones de su visita a Cornelio delante del Concilio de Jerusalén, tuvo que retroceder ocho años —hasta Pentecostés— para encontrar otro paralelo: “Y cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como sobre NOSOTROS AL PRINCIPIO” (Hch. 11:15). No pudo decir: “Como sobre todas las iglesias desde Pentecostés”, ya que esto no era cierto.

Por ello, el que busca una experiencia vuelve una y otra vez al proceso ritual, pero empieza a descubrir algo; la experiencia extática, como la adicción a las drogas, requiere dosis cada vez mayores para alcanzar la satisfacción. Algunas veces se introduce lo extravagante. Yo he visto personas correr en una habitación dando vueltas hasta quedar exhaustas, empezar a saltar estacas de tienda de campaña, reír histéricamente, entrar en trance durante varios días y otras muchas cosas fantásticas, mientras la búsqueda de la “elevación” se hacía cada vez más ilusoria. Eventualmente sobreviene una crisis y se hace una decisión; se sentará en las sillas de atrás y quedará como espectador, “actuará” o continuará con la esperanza de que a su tiempo todo será como antes. La decisión más trágica es dejarlo todo y, con esta actitud, abandonar lo espiritual como fraudulento. Los que miran quedan frustrados, los que actúan sufren sentimientos de culpa, los que esperan son dignos de lástima y los que se marchan son una tragedia. ¡No, estos movimientos no son inocuos!

En ocasiones, por la gracia de Dios el carismático es alcanzado y salvado por cristianos compasivos y prudentes que conocen la Biblia y que tienen paciencia. Es muy difícil para el que ha tenido experiencias emocionales, que ha profesado hablar en una lengua dada por Dios, y que ha sentido la aprobación o incluso la admiración de sus correligionarios, admitir que ha sido engañado. Es un fenómeno complejo en el que participa el yo, los amigos, la familia, y también en gran manera el desprecio de los que antes eran sus “hermanos amados”. El único antídoto eficaz es la Palabra de Dios presentada con claridad y con amor; pero a los que Dios usa para corregir a aquellos que están atrapados en la esclavitud carismática deben tener paciencia.

¡Exige mucho tiempo!

La mayor tragedia que se deriva del movimiento carismático es la pérdida de la auténtica vida llena del Espíritu. Recordad el perro de fábula antigua que, mientras atravesaba un puente con un hueso en la boca, vio el reflejo de su sombra en el agua. El hueso que veía en el espejo de las aguas le pareció mucho mejor que el que tenía en la boca y por ello cambió la realidad tangible por la sombra; el resultado fue que se marchó hambriento. Muchas personas hoy son como aquel perro. Han dejado caer, ignorado o pasado por alto, la realidad de Efesios 5:18 a cambio de una sombra de experiencia basada en mero lenguaje extático. ¡La catástrofe de Corinto se repite!

George E. Gardiner

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